jueves, 28 de abril de 2016

EL SEXO OCULTO DEL DINERO



El sexo oculto del dinero


Conceptos preliminares.

Las ideas predominantes de la ideología patriarcal giran alrededor de la suposición básica de la inferioridad de la mujer y la superioridad del varón. Ésta lleva a plantear las diferencias entre los sexos como diferencia jerárquica. En esta jerarquía los varones se instalan en el nivel superior y desde allí detentan el poder, ejercen el control y perpetúan un orden que contribuye a consolidar la opresión de las mujeres. La suposición básica de la superioridad masculina se apoya en teorías biologisistas naturalistas y esencialistas. Explica las diferencias jerárquicas entre los sexos como el resultado de factores exclusivamente biológicos y, por lo tanto los considera inmutables, omite factores culturales y sostiene que el ser femenina o masculino corresponde a una esencia.
Esta ideología promueve una división sexual del trabajo por la cual los hombres son asignados a la producción y al ámbito público y las mujeres lo son a la reproducción y al ámbito privado y doméstico. La ideología patriarcal tiende a establecer un estricto control sobre la sexualidad femenina

El término fantasmas se refiere a un conjunto de ideas y vivencias (conscientes e inconscientes) que adoptan la forma de una presencia incorpórea. Confluyen en el fantasma distintos temores. Unos provienen de fantasías inconscientes terroríficas. Otros son generados por las transgresiones culturales y el temor a su sanción.

La dependencia económica de las mujeres.

1.      La dependencia económica: una forma de subordinación femenina.

Son muchas y variadas las situaciones de dependencia que es posible encontrar. Los niños dependen de los mayores, los incapacitados de los hábiles, los enfermos de los sanos , etc. Otra forma de dependencia que es denigrante como la de los analfabetos y los pobres es la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Estas formas de dependencia pertenecen fundamentalmente al orden de la cultura.

Esta subordinación llegó a formar parte constitutiva de una supuesta “condición femenina”, ha sido transmitida ininterrumpidamente en forma manifiesta y latente, a través de todos los canales de transmisión de la cultura. Se modificaron algunas legislaciones, se abrieron posibilidades laborales, se permitió a las mujeres acceder al conocimiento y finalmente en algunas sociedades y ciertas clases sociales algunas mujeres llegaron a disponer de iguales posibilidades de desarrollo que los varones. En el mundo actual la mujer accedió al ámbito público , al trabajo remunerado y por lo tanto al dinero. Sin embargo, las mujeres siguen perpetuando actitudes de subordinación económica.
No solo hay que poder acceder al dinero sino también hay que poder sentirse con derecho a poseerlo y libre de culpas por administrarlo y tomar decisiones según los propios criterios. Estas reticencias para el coambio estarían relacionadas entre otras cosas con el fantasma de la prostitución, que junto con el de la mala madre y el de la feminieidad dudosa, son la expresión de una mentalidad patriarcal y contribuye a favorecer y perpetuar la dependencia económica.

2.      El fantasma de la prostitución.

El dinero ha estado siempre asociado con el ámbito publico, y ha estado de forma casi exclusiva en manos de hombres. La prostitución es una manera de comprar y vender un servicio personal que previamente ha sido cosificado y transformado en objeto, factible de ser entregado y adquirido a cambio de dinero. La prostitución ha sido una actividad siempre presente, constitutiva de la cultura occidental judeocristiana desde los albores de la historia e íntima y fundamentalmente ligada a la mujer y al dinero,  dejando fuera de foco al otro de la transacción el que da dinero. En el lenguaje se omite este hombre que da dinero y no tener una palabra para él queda a salvo su bien nombre y honor.

Tal vez se piense que no es necesario ocultar la existencia de proxenetas o empresarios de la prostitución por que ello no resulta ni vergonzoso ni denigrante. Hacer ostentación de usufructo económico por usar a la mujer como objeto-fuente de ingresos, parece halagar su capacidad de poder.

La prostitución como actividad fundamentalmente femenina que se desarrolla en el ámbito público, por lo cual se recibe dinero a cambio de un servicio personal sexual. La acepción de hombr público es “aquel dedicado a funciones de gobierno y a tareas que atañen a la comunidad, la mujer pública es aquella que ejerce la prostitución.
Entonces se tiene la relación:

Mujer + dinero + ámbito público = prostitución

Lso prototipos de mujer que se formaban parte de las nuevas enseñanzas iniciadas por Jesús y consolidadas por su continuadores son fundamentalmente dos :
·         La virgen, representada por María, que es fundamentalmente madre, ser asexuado, núcleo de la familia y alejada del dinero.
·         La prostituta, representada por Magdalena, que es fundamentalmente sexuada, desarrolla una actividad en el ámbito público y se relaciona con el dinero.

Estos son los dos extremos de un continuo en el que son antagónicos son los roles que puede representar una mujer en su vida.

Cuando surge la revolución industrial, la familia deja de ser una unidad de producción  y se reafirma la división entre ámbito público y privado asignando  las funciones masculinas y femeninas, siendo el ámbito público al hombre y el privado a la mujer.
En la epoca de guerra la s mujeres son llamadas a l trabajo fuera del hogar para contribuir económicamente al desarrollo de la nación, recibiendo a pesar de su dedicación retribuciones menores de las que reciben los hombres en iguales circunstancias. En el siglo XX muchas mujeres deseosas de un desarrollo personal que no se limitará a  las satisfacciones hogareñas, han ganado la calle, accediendo al trabajo remunerado y al dinero, dinero que antes, con relación a la mujer, era solamente patrimonio de prostitutas.
Ahora las mujeres también ofrecen sus servicios en el ámbito público, servicios por los cuales reciben dinero, y a pesar de la preparación experiencia y desempeño labor4al sufren una serie de contratiempos, difíciles de explicar con el dinero. Se incluye la creencia del fantasma de la prostitución. Es totalmente inconsciente y ha sido alimentado por siglos de discriminación, oscurantismo y terrorismo religioso. Sirve para perpetuar el poder de unos sobre otros, infiltrándose en las conciencias y en la estructura del psiquismo.


3.      Dinero y sexo: una transgresión fundamental.

El fantasma de la prostitución está presente de manera encubierta en la vergüenza y la culpa que muchas mujeres sienten en sus prácticas con dinero. La vivencia de culpa es harto frecuente y la encontramos preferentemente asociada con el hecho de trabajar fuera del hogar utilizando sus energías en el ámbito público en detrimento de la tarea hogareña.
Tradicionalmente, dinero y ambición debían ser distintivos masculinos. En los discursos femeninos la vergüenza y la culpa frente al dinero aparecen relacionadas a temores, expectativas y fantasías íntimamente ligadas a la sexualidad.
La vergüenza  y la culpa frente al dinero, tan frecuente en las mujeres y tan ocasional en los hombres, condena, encubre y expresa toda una gama de vivencias, pensamientos, deseos, temores y expectativas de orden sexual. La vergüenza, generalmente ligada a una desnudes culpable. La desnudez que la cultura occidental judeoccristiana colmó con atributos pecaminosos, asociada con  el goce sexual. Podría decirse que para una mujer occidental esta desnud3ez es hacer ostentación de deseos satánicos, encarnando con ello la tentación de la carne., resulta que las mujeres aspiran a una actitud exhibicionista que atraiga el deseo de los hombres al mismo tiempo que viven con culpa todo posible placer conectado con la sexualidad.
En nuestra cultura, la ambición económica, así como la audacia y la intrepidez han sido características asociadas a la potencia sexual y atribuidas a la identidad sexual masculina. El consenso popular llama masculina a una mujer ambiciosa y triunfador a un hombre ambicioso.
El placer sexual aparece cargado de tabúes y castigos en relación con las mujeres adquiere un tinte pecaminoso, su exhibición es vergonzante y su exageración es considerada índice de enfermedad o social. En relación a los hombres se convierte casi en una exigencia compulsiva y su exageración es la expresión de su potencia, el éxito económico adquiere distintos significados según de que sexo se trate. Así en el caso masculino se piensa en un hombre realizado y en el caso de una mujer, que consiguió compensar un fracaso en su realización femenina. Por ello una mujer tiende a ocultar su placer por ganar dinero, su ambición económica y en algunos casos sus éxitos financieros. Uno de los atributos constitutivos del dinero es que sea un instrumento de poder.

Hablar de dinero impúdicamente  sería como evocar una sexualidad prohibida y hacer ostentación de ella. Tal vez la creencia encubierta es que un comportamiento pudoroso evita el contacto con lo prohibido y al mismo tiempo se evita convertirse en una fuetne de tentación. Una extensión de esto puede llevarnos a pensar que  el pudor frente al dinero evita el contacto con él, imponiendo asepsia frente al placer y la ambición.

Vergüenza y culpa en nuestra cultura han estado fundamentalmente ligadas a transgresiones sexuales. Transgredir el ámbito  asignado a la mujer es motivo de culpa. Si a esto le agregamos el desempeño de una actividad a cambio de dinero, están presentes los elementos básicos para dar cabida al fantasma de la prostitución.

Los cambios sociales permitieron el acceso al dinero para las mujeres pero mantuvieron en vigor las connotaciones de prostitución a él asociadas.
La explicación, desenmascaramiento y el trabajo conjunto de las mujeres sobre el tema, contribuirían, indiscutiblemente, a posibilitar cambios en la prácticas de dinero.


Los beneficios de la dependencia económica de las mujeres.


Cuando la dependencia extiende sus límites estamos frente a una alteración del desarrollo y una limitación del crecimiento psicosocial. La persona dependiente, al igual que la enferma, es limitada, y las limitaciones restringen su capacidad de acción. La dependencia es poco saludable y genera malestar y frustración. Según Freud, en su teoría de la neurosis la enfermedad se desencadena y mantiene a causa de la satisfacción que aporta al sujeto. El beneficio primario es intrínseco a la neurosis y se haya en el seno mismo del síntoma. El beneficio secundario es la utilización que un individuo hace de una enfermedad ya establecida para obtener satisfacciones. Se debe asociar la dependencia económica con enfermedad ya que ambas ubican al individuo en una situación de inferioridad subordinación y restricción de sus posibilidades.


1.      Beneficio primario.

Hay un paralelo entre el proceso neurótico y la situación de dependencia económica. Ambas situaciones se conformarían sobre la base del principio del placer y tenderían a obtener un beneficio primario que es la disminución de la tensión, tensión generada no por tener que enfrentar las vicisitudes de ganar dinero y las frustraciones, limitaciones y esfuerzos que ello implica, sino también por las connotaciones inconscientes de transgresión.

2.      Beneficios secundarios

Los beneficios secundarios que se obtienen a raíz de la dependencia económica son vividos como ventajas. Estas ventajas presentan la particularidad de aparecer disociadas de la situación que las generó. Es decir, la conveniencia que brinda la dependencia económica parece desconectada de la subordinación que necesariamente implica la misma.

3.      La protección.

Es uno de los beneficios secundarios más sobresalientes. La persona que depende económicamente es fundamentalmente protegida y por eso mismo, requiere ser auxiliada en una cantidad de vicisitudes relacionadas con el accionar en el ámbito público y con el desempeño concreto  de funciones.
Otro beneficio consiste en poder eximirse de la responsabilidad que implica accionar en el ámbito público. También exime de ponerse a prueba y enfrentar el juicio de la realidad que se impone por si mismo cuando un individuo adopta una actitud de participación activa. Una situación de protección evita una cantidad de esfuerzos y esto ees vivido por el yo como beneficios y ventajas de ser defendidos.

4.      Una triada sugestiva: Dinero chico, espacio restringido y tiempo indiscriminado.

Los hombres administran los dineros de la abundancia, las mujeres, preferentemente, administran los de la carencia. Son los dineros “chicos” los que tienen un límite predecible y un destino ya asignado.  Es el dinero de la comida, de la ropa de los chicos, de la decoración de la casa y, eventualmente, el del personal de servicio.
Puede también observarse con frecuencia que las mujeres se mueven en un espacio caracterizado por la contigüidad, la cercanía, los límites detectables y aprehensibles; es un espacio cuerpo a cuerpo, un espacio material y concreto, posible de medir y de amplitud reducida.
En relación al tiempo es factible detectar la presencia de un tiempo continuo, indiscriminado, que aparece disociado de lo económico. Es un tiempo ligado a la práctica maternal y a la experiencia doméstica.
Este dinero, este tiempo y este espacio tan frecuentes de observar en la conducta psicológica de mujeres, son un dinero, un espacio y un tiempo esculpidos a la medida del ámbito privado, a la medida de lo doméstico. La falta de contacto fluido con el dinero, que es una de las características de la dependencia económica, y al mismo tiempo una consecuencia, se entrelaza con una manera particular de concebir el tiempo y el espacio, creando un modelo psíquico que va a tener fundamental importancia en todo lo relativo a la modalidad y toma de decisiones.
La participación en el dinero desde un lugar de dependencia tan generalizado en las mujeres, aun cuando sean capaces de ganarlo, inhibe el desarrollo de ciertas funciones yoicas incluyendo muy particularmente un especial manejo del tiempo y del espacio que compromete la capacidad de proyectar y proyectarse.


Amor y dinero


Hay una cantidad de situaciones que sufren diario muchas mujeres, que forman parte de la vida cotidiana y que por habituales, terminan pasando inadvertidas, estos comportamientos son resultado de un conflicto, que expresa una profunda e intensa lucha que se libra a nivel inconsciente entre el modelo al que debe responder una mujer para sentirse femenina, y las implicaciones que tiene el dinero en nuestro medio.
La falta de conocimiento de dicho conflicto contribuye a que el mismo se perpetúe, generando comportamientos que atentan contra el bienestar psíquico de muchas mujeres.

1.      El ideal maternal

 Gracia, belleza tolerancia, dulzura, comprensión, entrega, etc, condensan atributos que señalan, insdistintamente a la mujer, a lo “femenino” y a lo maternal. Toda madre es mujer pero no es cierto que toda mujer sea madre, es necesario ser tolerantes incondicionales, altruistas y continentes. No es cierto que una mujer deba hacer gala de tolerancia, incondicionalidad, altruismo y abnegación cuando se están desempeñando funciones que tienen que ver con la maternidad. Mientras el sexo está determinado biológicamente, el género lo está culturalmente. Y es por ello que actitudes muy específicas que en una cultura resultan exclusivas de las mujeres en otra cultura lo son de los varones. Esta confusión entre otras cosas lleva a identificar lo femenino con lo maternal, perpetuando el consenso de que ser mujer es equivalente a ser madre. Pero no cualquier madre. Una madre buena, desinteresada, abnegada e incondicional. Las actitudes como la tolerancia, la paciencia, la generosidad, el renunciamiento, entrega, bondad, dedicación, que son atributos de una buena madre, resultan ser las expresiones más acabadas de la femineidad.
Concebir que una muere es igual a una madre, a una buena madre, implica, entre otras cosas, transformar a la maternidad y todos sus atributos en lo “esencialmente femenino”. Es decir, una mujer será considerada tanto mas femenina, según esta ideología, cuantos  mas atributos maternales caractericen su comportamiento. De esta manera garantiza su genero y reafirma uno de los pilares de identidad. Cualquier cuestionamiento a la misma es vivido como un ataque a la integridad. Las alternativas para una mujer serán ser bueno o mala madre, pero siempre madre.
En el caso de las prácticas con el dinero, es posible suponer que muchos de los comportamientos poco eficientes que las mujeres evidencian en relación a él, son el resulta do de profundos sentimientos de culpabilidad, en la medida en que acceder y disponer del dinero significa una transgresión al ideal maternal que sustenta y avala un paradigma de femineidad.

2.      El dinero.

Es el representante material de la riqueza y genera poder. El dinero se caracteriza, entre otras cosas, por ser acumulable, transferible, transportable, imperecedero, manipulable e inespecífico. La utilización del dinero como medio para satisfacer las distintas aspiraciones, obliga a desplegar y poner en práctica una serie de mecanismos que tiene que ver fundamentalmente, con el raciocinio y la acción.

Un intercambio pautado con el objetivo de obtener beneficios. En ese sentido es muy distinto de las prácticas maternales, donde el altruismo, la incondicionalidad, y la abnegación caracterizan un intercambio desparejo donde uno predominante se entrega a otro que predominantemente recibe.
Una de las tantas dicotomías es la de presentar el mundo de los afectos y la racionalidad como incompatibles y hasta se llega a plantear que tienen un origen sexuado. El dinero va adquiriendo, merced a los mecanismos proyectivos de los seres humanos, una aureola que aparece adornada con una cantidad de atributos tales como frialdad, racionalidad, especulación egoísmo, interés persona, etc.
El dinero pasará a ocupar en la realidad social y en lo imaginario que acompaña a dicha realidad, un sitio necesariamente ubicado en la vereda de enfrente del ideal maternal
Aquellas situaciones donde confluyen o se supone que deben confluir estas diversas actitudes se transforman en un verdadero campo de batalla. Nos encontremos frente a un conflicto inconsciente que genera síntomas, que son comportami4entos concretos, en los cuales las mujeres hacen gala de paradojicas ineptitudes en las prácticas con el dinero. Esos comportamientos son una salida honorable por medio de una transacción, un arreglo inconsciente entre las tendencias en pugna en la cual se cede algo para no perder todo, las mujeres ceden, en sus síntomas, la autonomía que adquirieron con la independencia, de esta manera se da satisfacción a las dos partes en conflicto. Esta perdida de autonomía es una de las maneras de expiar la culpa por haber transgredido. Esta renuncia ofrece además un beneficio que consiste en soslayar la responsabilidad de hacerse cargo de las actitudes censurables que se le adjudicarían si no fuera por el síntoma. En tanto las mujeres desconozcan la existencia del conflicto, éste se mantiene inconsciente y las señas que emite a través de los comportamientos sintomáticos no llegan a ser descifrables.
Uno de los mayores obstáculos para hacerlo consciente reside en que dicho conflicto es el resultado de una ideología, cuyo fundamental interés es mantener a las mujeres apartadas de los medios de poder.
Las mujeres no somos solamente víctimas de una ideología que se nos impone, sino que participamos activamente en el mantenimiento de ella. La fuerza persuasiva de la ideología patriarcal dispone de variados recursos.
a)      temor a perder la femineidad
b)      miedo a perder el amor del hombre

en nuestra cultura la mujer ha sido criada para ser a través de otro, a través de los hijos, y del amor de un hombre. El riesgo de perder el amor del hombre, o la femineidad es frecuentemente vivido dentro de este condicionamiento ideológico como un riesgo a perder la propia identidad y el sentido de la existencia.
De los comportamientos sintomáticos algunos son considerados como dificultades mientras que otros son vividos como hechos naturales
Entre los primeros las mujeres mencionan explícitamente, la dificultad para poner precio a un servicio, la dificultad para cobrar y reclamar deudas, la dificultad para emprender sola caminos nuevos en ámbitos económicos laborales, la dificultad para pensar, programar y disponer de las sumas grandes, la dificultad para formalizar y  explicitar los contratos de trabajo que impliquen dinero, la vivencia culpable por usar dinero en beneficio exclusivo y personal. Surge el deseo y el propósito de modificarlos.
Otros síntomas son considerados por las mujeres como hechos naturales que corresponden al funcionamiento natural femenino. No son cuestionados, ni reconocidos como dificultades. Mas bien son reafirmados y, en la mayoría de los casos, fuertemente avalados y defendidos. Entre estos figuran: no ganar mas que el hombre, ser propietaria de los hijos mientras el hombro lo es del dinero, delegar en los hombres las decisiones relativas al dinero, delegar en los hombres el ejercicio del poder económico, asumir como propio el ejercicio de otro poder invisible
Son estos comportamientos, considerados como naturales, los que están mas impregnados ideológicamente. Como natural es considerado inmodificable, los comportamientos así catalogados terminan siendo aceptados como hechos irreversibles. Esos hechos se vuelven invisibles.

3.      Los honorarios profesionales.

Los honorarios profesionales son frecuentemente motivo de preocupación para muchas mujeres que no logran manejarse con ellos con la misma desenvoltura con que hacen en otras áreas de su práctica profesional.
Estipularlos, recibirlos y/o reclamarlos implica muchas veces una cantidad de energía adicional que no siempre es coronada con éxito. Podemos contribuir a su comprensión planteando que estas dificultades son también comportamientos sintomáticos que están expresando conflictos.
Los honorarios  circulan fundamentalmente en el ámbito público, son la evidencia de un mecanismo  por el cual se recibió dinero a cambio de un servicio. Tradicionalmente las actividades profesionales que incluyen el dinero como forma de pago han sido ejercidas por los hombres con excepción de una sola, la prostitución. Y esta tradición ancestral está presente de manera inconsciente cuando las mujeres reciben dinero a cambio de un servicio. Y que esa identificación genere mayor o menor conflicto dependerá de una red de experiencias preconceptos y de las ideologías internalizadas al respecto.
Paralelamente el cobro de honorarios pone en evidencia un comportamiento opuesto a las actividad es maternales, estas actividades son vividas como transgresión a las expectativas sociales internalizadas.



Los dineros de la sociedad conyugal.

   Una sociedad en que unos son mas iguales que otros.

La sociedad conyugal. En lo que a bienes respecta, lo de “sociedad” habitualmente resulta ser solo nominal.  La toma de decisiones sobre ellos, su administración e inclusive el uso de los mismos, dista mucho de concordar con la “letra de la ley” actual.  Mientras la sociedad conyugal existe, suele ser solo uno de los socios –generalmente el varón- quien administra y dispone.
Quien concreta la decisión y hace efectiva la entrega económica es, casi sin excepciones, el varón.

Dinero “chico y dinero grande”.

El dinero “chico” es aquel directamente asociado a lo que comercialmente y en contabilidad se conoce  como “caja chica”. Es el dinero de todos los días, se usa bajo control y el que generalmente dispone y administra el personal no jerárquico de una empresa.
Es administrar un dinero “invisible”, que no deja rastros, su destino es ser consumido por las necesidades mas perentorias. Dan poco margen  para elegir con autonomía, esta destinado a necesidades que de una y otra manera deben obligatoriamente ser cubiertas.  La responsabilidad es muy grande porque las deficiencias en su manejo afectan el funcionamiento básico de toda la familia. Cuando anda bien, pasa inadvertida.
El “dinero grande”. El que generalmente administran los dueños o el personal jerárquico. Es el dinero en donde se asienta el poder.
Llega a resultar “natural”, que cuando ambos miembros hacen aportes económicos, las mujeres destinen sus ingresos  a gastos relacionados con lo domestico: comida, ropa de los hijos, adornos para la casa, mientras los hombres “naturalmente” se ocupan de los gastos extraordinarios: carros, ahorros, vacaciones, etc.
Es un dinero asociado al placer y deja a cambio de su consumación el recuerdo de una experiencia no habitual. Su administración no requiere la rigurosidad ni constancia. Es un dinero que no pasa inadvertido. Quien lo administra es fácilmente asociado a una figura grata. Este dinero tiene su asiento en la billetera del varón, otorga un grado de autonomía y poder, le permite elegir el momento oportuno para gastarlo y la persona adecuada con quien hacerlo.  Las mujeres se sienten halagadas cuan los hombres gasta dinero en “ellas.
El dinero destinado a las inversiones forma parte del “dinero grande”.
El dinero destinado a los gastos personales no compartibles, es el dinero con que se cuenta para satisfacer una necesidad exclusivamente personal, viene a representar el permiso para un espacio propio y el reconocimiento de deseos y necesidades que no estén en función de los otros.  Este es el dinero del que casi siempre disponen los varones y muy a menudo carecen las mujeres.
Es frecuente observar que las mujeres presentan enormes dificultades para disponer de un dinero “propio” para si mismas. Obtener dinero para “sus” cosas se convierte en una tarea ardua y hasta angustiante.  Debe pedírselo al marido o extraerlo mediante múltiples artificios.
La dificultad para disponer de dinero para “ cosas personales”, no se limita  a aquellas que dependen económicamente, también aparece en las que trabajan y son remuneradas. Generalmente lo vuelcan en la familia y padecen sentimientos de culpabilidad cuando lo disponen para ellas.

El dinero de la dependencia.

La administración del dinero “chico”, al que preferentemente se restringen las mujeres, no favorece el desarrollo de hábitos independientes. Por el contrario, perpetua una situación infantil que consolida muchas de las limitaciones que es frecuente observar en las practicas cotidianas y que llevan a afirmar a mucha gente que “las mujeres no están hechas para  manejar dinero.
La administración del dinero “chico” por parte de las mujeres no es un hecho biológico ni el resultado de su “naturaleza inamovible”. Es consecuencia de múltiples factores que interactúan entre sí dialécticamente. 

Una particular distribución del poder:

“Los hijos son míos y el dinero es tuyo”


Muchas son las situaciones que han confluido para generar las condiciones que dan como resultado que los hijos sean considerados una posesión indiscutida.
Y aquí se cierra el círculo: el tiempo, las energías y los desvelos dedicados conducen necesariamente a la vivencia y convicción de que los hijos les pertenecen Y esta posesión, a su vez, se convierte en el premio y evidencia de tantos afanes.
Es importante definir los siguientes términos: el ámbito público es aquel donde se origina, se aprende y se ejerce el poder.
 El ámbito privado limitado por el círculo familiar y los muros del hogar, el del tiempo inmediato, donde gran parte del lenguaje esta implícito y sus contenidos sobreentendidos, donde la indiscriminación es una especie de patrimonio común; ámbito destinado para la gestación y crianza de los hijos, donde el trabajo se vuelve invisible.
Una de las grandes ironías de la historia fue equiparar el ámbito privado con un reino y luego proclamar a la mujer “reina del hogar”, mientras el varón es el rey del mundo, la mujer, reina del hogar solo dispone de aquello que circula dentro de su feudo y los hijos.
Durante siglos, asignaba a los varones el ámbito publico, posibilitándoles y exigiéndoles la responsabilidad de ejercer el poder para “beneficio de la humanidad”. Las mujeres, recluida en el ámbito privado, tenían expresamente prohibido anhelar o ambicionar prerrogativas consideradas “impropias de su sexo”.
Las mujeres buscaron alternativas dentro con qué contrarrestar el poder concentrado exclusivamente en los hombres, ante la situación de opresión, buscaron dentro de su reino la manera de obtener poder. Posiblemente no solo buscó el poder con finalidad defensiva sino también  por ambición genuina de poder.
Cabe señalar que en nuestra cultura existen ciertas creencias acerca de que la ambición de poder es característica y condición de los hombres. Sin embargo, la observación atenta de nuestro entorno, provee ejemplos donde se hace evidente la vocación de poder en la mujer. El rigor científico menciona que el poder esta presente tanto en hombres como en mujeres. En el hombre es natural y en la mujer suele ser visto con malos ojos, como algo poco femenino e incluso como una desviación de los sentimientos y tendencias “propias de su genero”.
Un  hombre ambicioso suele ser visto como alguien que cumple con su destino, contribuirá al desarrollo sociocultural y dará prosperidad. Por el contrario, una mujer ambiciosa despierta recelos y genera comportamientos defensivos.
La ambición de poder en el ámbito publico es el deseo de ejercer el poder sobre los dispositivos de control y regulación social que traspasen el espacio circunscrito y el tiempo limitado.
No parece haber ninguna comprobación fehaciente que demuestre que la ambición de poder es condición exclusivamente masculina. Deberíamos aceptar su “normalidad” tanto en hombres como en mujeres.
Un reciente estudio de Prudential Securities revela que, mientras en 1995 casi la mitad de las mujeres consultadas consideraban que "invertir es demasiado riesgoso" y que no se atreverían a hacerlo, en 1999 sólo una de cada cuatro rechazaba la idea de entrar al mercado.
"Existen también claras evidencias de que las mujeres están aprendiendo más sobre el mundo de las finanzas", dice el estudio de Prudential. Pero comparadas con el hombre, que siempre ha vivido obsesionado con los números, estas siguen a la zaga.
El estudio muestra que una de cada cuatro mujeres coincide con la afirmación "los altibajos de la bolsa de valores me ponen nerviosa", en tanto que sólo uno de cada tres hombres se siente identificado con la frase.
La ambición de poder satisface ciertas necesidades. Cuando se ven coartadas, buscan  caminos no tradicionales a través  de dispositivos no genuinos. Se da entonces el ” los hijos son míos y el dinero de mi marido”.
Y dramáticamente hombres y mujeres dependen mutuamente dependientes al retener cada uno para sí el monopolio de las prácticas y conocimientos de los ámbitos respectivos.
Ya sea para obtener un espacio de poder y satisfacer así su ambición o para defenderse de la represión de que era objeto, la mujer estuvo en condiciones de transformar  el manejo de los afectos y los hijos en instrumentos de poder.




 ¿ Son los hijos instrumentos de poder equivalentes al dinero?

El dinero es un instrumento de poder con el que se controla, se somete, se condiciona, se ejerce presión, se satisfacen venganzas, etc.
Mucho menos aceptan que sus hijos son algo mas que los destinatarios de sus mejores sentimientos, que también son instrumentos mediadores con que se balancean presiones; se enfrentan amenazas, se esgrimen como baluartes de seguridad, se usan como garantía de futuro, etc.
Y aquí entramos en el terreno de “ los poderes ocultos y de la ilusión de poder”. Se dice que el poder de las mujeres es subterráneo, basado en la producción, manejo y distribución de los afectos.,
Los afectos forma parte del mundo subterráneo e invisible es un concepto parcial y prejuicioso que habría que revisar, cuyos alcances son inconmensurables y su acción devastadora.
Los hijos pueden ser vividos como una propiedad, y   llegar a ser utilizados por las mujeres para ejercer el poder, así como los hombres utilizan el dinero con iguales fines.
Entre las propiedades más evidentes y manifiestas, el dinero presenta – entre otras – el de ser un objeto poseible, inespecífico, acumulativo, imperecedero, transferible, ilimitado y estar a merced de la voluntad de quien lo posee.
Por su parte, los hijos son seres humanos (cuya posesión es discutible) específicos, limitados, intransferibles, no acumulativos y con posibilidad de autonomía.
El dinero mantiene una “vida útil”, sobrepasa la edad. El transcurso del tiempo no genera un desgaste significativo. Y aun en ocasiones su “añejamiento” le agrega valor.
A diferencia  del dinero, los hijos como instrumentos de poder están a merced de las contingencias de la  vida y de las vicisitudes de los afectos, lo cual contribuye escasamente a consolidar la idea de que “teniendo “ a los hijos se tiene un poder  ilimitado.
El mito del poder oculto. Se trata de un mito que alimenta los anhelos de posesión, que hace aparecer a los afectos como vivencias indescifrables (solo al alcance e las mujeres) y a la experiencia en el manejo de los mismos como un “poder oculto”, condiciona la reclusión y la dependencia de las mujeres al tiempo que favorece la expansión de los hombres y del control y dominio que estos ejercen sobre la naturaleza y la cultura. Mito que garantiza a las mujeres el monopolio de los afectos haciéndoles pagar el precio de ser las depositarias de lo “oculto, misterioso y atemorizante” de las vivencias humanas. Mantiene apartadas a las mujeres del ámbito publico, restringiendo así, en un 50% la competencia mundial en la participación de lo que se produce.
Pone énfasis en las supuestas habilidades de cada sexo dejando a uno a merced del otro en aquello que desconocen.





Un mito que intenta hacer creer que los afectos son “ invisibles” y el poder publico “ transparente.

Los hombres y el acopio de dinero.

El acopio de dinero suele ser vivido por el varón como un objetivo ineludible. Como una meta inclaudicable que pareciera satisfacer algo mas que la ambición de poder.
Uno de los problemas es que quedan encerrados en una exigencia y una trampa. La exigencia demostrar siempre una potencia inagotable, potencia que se mide en cantidad. La exigencia de ser Superman, siempre listos, sin las molestas debilidades humanas y con el éxito garantizado-
La trampa es que basan su autoestima en una imagen omnipotente. Los hombres quedan a merced de las vicisitudes económicas, y su autoestima adherida al deslumbrante y frágil poderío del dinero.



El dinero, ¿ un indicador de masculinidad?

La potencia económica puede ser utilizada como reemplazo de la potencia sexual.
Los medios de comunicación masivos abundan en ejemplos, e hombre viejo que, cuando gana la lotería, se siente en condiciones de aspirar, y supuestamente satisfacer, a mujeres jóvenes.
Son muchos los factores, no podemos omitir que en una sociedad con ideología patriarcal, el hombre tiene asignado el rol de mantener a la mujer y esta el de ser mantenida por el hombre. El ideal de hombre para una mujer será aquel que mejor la mantenga. Y esta acumulación de dinero que le permite al hombre “ ser un buen partido”.
Aquí el dinero posibilita un mayor acceso a las mujeres.
La cantidad de dinero se vuelve importante en aquellas sociedades cuyo sistema económico jerarquiza el dinero  y lo convierte en la llave que abre las puertas de todas las satisfacciones que propicia dicho sistema. En este sentido, el sistema económico capitalista antepone la acumulación de dinero como un valor supremo.
En la cantidad de dinero se genera el poder económico. Por ello el incremento del dinero satisface la ambición y favorece el ejercicio del poder.
La valoración de la cantidad en el funcionamiento sexual proviene de por lo menos dos vertientes. Por un lado la ideología patriarcal fundamenta en sostener que el varón es mas que la mujer: mas fuerte, mas elevado, más noble, mas inteligente, mas sabio, mas honesto, mas puro, etc. Insiste en las bases “biológicas”. Por lo tanto, siendo el hombre “mas” en todo, debe serlo también sexualmente.
Es más potente el que más puede. En aras de esta cantidad, muy frecuentemente los hombres minimizan los matices de la calidad.
Así como para las mujeres la maternidad se convierte en una “garantía” de femineidad ( si es buena madre es mujer y femenina) para los hombres la potencia sexual –entendida como cantidad- se convierte también en “garantía” de masculinidad.
La valoración de la cantidad se convierte para los hombres en un callejón sin salida que los lleva a apelar  a la cantidad económica cuando la sexual se resiente. Esta sustitución conduce a una dependencia mayor del dinero y, en consecuencia a una mayor vulnerabilidad.
La potencia económica viene a reafirmar la masculinidad: “ el que tiene dinero es bien hombre”. El dinero aparece, entonces, como un indicador del genero sexual masculino

Time is money....¿ una mentira piadosa?

Esta expresión, además de valorar el tiempo, sugiere que éste debe proporcionar beneficios económicos.
Si analizamos las propiedades del tiempo y del dinero, resultan hasta opuestos en ciertos sentidos.
-                        El dinero, es acumulable, transferible, intercambiable, ilimitado, imperecedero; es palpable, poseible y controlable.
-                        El tiempo es irreproducible e irreversible, su transcurrir se diluye. Su acumulación no se convierte en un “capital disponible”, sino en un capital del que “ya” se dispuso. Es impalpable e inasible, lo cual lo hace muy poco controlable. Tiene un movimiento constante e implacable. Solo es “poseído” en la medida en que se lo “gasta” con plena conciencia; asi adquiere palpabilidad en la conciencia de su consumación.
Que el dinero no reemplaza al tiempo sino que se alimenta de él. Esta expresión tiende a encubrir el intercambio (tiempo por dinero). La creencia de que convertir el tiempo en dinero es un negocio que va a pura ganancia suele ser una trampa en la que caen mayormente los hombres, empeñando en ellas sus vidas.
Uno de los grandes atractivos del Time is money reside no solo en el poder que deriva del dinero, sino en la ilusión de poder sobre el tiempo,  que es como decir la ambición de poder y dominio sobre la muerte.
Pero resulta que cuanto más un individuo se aferra a ideas y vivencias ilusorias, tanto menos puede disponer de las posibilidades reales que la vida concreta le ofrece.
No todos los hombres creen que su potencia se mide por la cantidad, ni sustentan en ella su virilidad. Tampoco recurren todos a la potencia económica como reaseguro o remplazo de la sexual.
La ideología patriarcal, impone al hombre la obligación de ser el responsable económico. Esto le otorga poder pero al mismo tiempo le crea la exigencia irrenunciable de responder a ese rol. “ Un hombre sin dinero no es un hombre entero”.




El dinero en los tratamientos psicológicos.

A veces, sin mucha conciencia de ellos, con relación a este tema, enfatizan el rol económico del varón y son condescendientes con la dependencia económica de la mujer.
El dinero del hombre, el “grande”, pasa a ser el dinero “ en serio”. El otro es casi como de juguete. Estas actitudes diferenciales de los terapeutas, a menudo inconscientes contribuyen a perpetuar una ideología patriarcal.
Por ello considero conveniente que los profesionales se cuestionen e indaguen en ellos mismos acerca de sus propias creencias en relación con las practicas económicas, creencias que siempre están presentes en la practica profesional.
También los recursos teóricos están altamente impregnados.
-                        La dependencia económica ha sido considerada históricamente como formando parte de la condición femenina.
-                        Esto contribuye frecuentemente a que ni la paciente ni el terapeuta lo visualicen como un problema fundamenta para la salud.
-                        Además, la mirada del terapeuta, su escucha y sus intervenciones no son neutrales.
-                        Los terapeutas se convierten, así en cómplices de estos aspectos infantiles y contribuyen de esa manera a perpetuar la subordinación de las mujeres.
La dependencia económica produce efectos tan devastadores como cualquier neurosis. Genera limitaciones comparables en sus consecuencias patológicas a las que se derivan de los habituales cuadros fóbicos y depresivos tan frecuentes en las consultas psicológicas de mujeres.
El tema de la dependencia ha sido tomado por las teorías psicológicas, en particular el psicoanálisis, que lo han explicado como formando parte de la “naturaleza femenina”. Pero no pudo eludir una cantidad de prejuicios inherentes a la sociedad y al momento histórico en que se dio.
Freud plantea que el complejo de castración surge como consecuencia de la percepción de la diferencia anatómica entre los sexos. Esta diferencia es explicada a través de lo que él llamo la “teoría sexual infantil”. Los niños suponen que todos los eres humanos nacieron con pene y al descubrir que algunos no lo tienen, deducen que es porque lo perdieron. A partir de aquí el complejo de castración se instala, generando una profunda angustia.
Sostiene que la niña se visualiza a si misma como castrada y a partir de ahí “entra” en el Edipo, buscando que el padre, simbólicamente, le de el órgano de que carece (la madre no puede ser, ya que tampoco lo tiene) preparando así el terreno para que, de mayor, reencuentre el pene en un bebe que sea capaz de gestar. Queda en pie la pregunta de cómo es posible que la niña viva como perdida algo que nunca tuvo.
La mujer no se consolará nunca de esta castración y caerá víctima de una profunda envidia del pene y complejos de virilidad. Así se explican desde la teoría las actitudes “activas” de las mujeres. A partir de estas concepciones las mujeres seriamos “naturalmente” dependientes y nuestra única alternativa – en relación con el dinero- seria la de ser  “mantenidas-protegidas” por el hombre –padre o acceder al dinero a través de la prostitución, que es otra manera de subordinación al varón. Sin embargo, la historia de muchas mujeres independientes, a pesar de su época, desmiente esta afirmación.
Algunas psicoanalistas están trabajando intensamente  y ya tienen propuestas teóricas para indagar sobre esta problemática.

Los grupos de reflexión de mujeres.

Antecedentes.

Se inicia a principios de la década del 60. A partir del año 1970, la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo adoptó una modalidad particular de los grupos operativos que se denomino “grupos de reflexión”. Los grupos de reflexión son utilizados desde entonces como instrumentos para la formación sistemática de profesionales en la coordinación de grupos en general y de grupos terapéuticos en particular.

La  especificidad de los grupos de reflexión de mujeres.

Estos grupos convocan en función del genero sexual. Implica incluir un aspecto muy poco presente en las mujeres, que es la conciencia de pertenecer a un genero y que dicha pertenencia condiciona jerárquicamente los lugares y funciones que le son asignados en nuestra cultura en tanto mujer.
Los grupos de reflexión de mujeres surgen en nuestro medio como una necesidad de encontrar un espacio para pensar acerca de aspectos relacionados con la mujer, pero no con la mujer en abstracto sino a partir del hecho concreto de ser mujer, con determinadas actividades en un medio social también determinado.
En Buenos Aires comienzan a realizarse grupos aislados ente profesionales mujeres, preferentemente psicólogas de la década del 70. A fines de 1979 se creo el Centro de Estudios de la Mujer. Dos años después, en 1981, comienzan a realizarse grupos de reflexión de mujeres sobre problemáticas femeninas basadas en aspectos de la vida cotidiana. El CEM se convierte en la primera institución en la Argentina.
Surge la conciencia de genero. Esto permite que las mujeres se reconozcan como formando parte de un  grupo particular, que, por el hecho de ser mujer, esta ubicado en un lugar jerárquicamente inferior dentro de la estructura social.
Las mujeres acuden a los grupos de reflexión a partir de una curiosidad manifiesta, de un malestar inespecífico o de un cuestionamiento acotado relacionado con aspectos de la vida cotidiana.
Emerge un profundo sentimiento de solidaridad y el comienzo de rever y redimensionar la tan mentada “competencia entre mujeres”. Se perfila la posibilidad de plantearse la competencia a partir de la posibilidad de producir en el ámbito publico y de ser capaz de ganarse un espacio para trascender en forma directa a través de sus propias producciones y no indirectamente a través de las realizaciones de los otros.



Criterios de selección: indicaciones y contraindicaciones.

La selección debe cumplir una función preventiva que proteja la continuidad y la producción de la tarea grupal.
El  grupo de reflexión con mujeres ofrece un continente particular y distinto de otros grupos, que estimula la conciencia de genero. Y ello resulta particularmente movilizador. Así, la participación en un grupo de reflexión de mujeres demanda una tarea interna muy intensa, requiriendo una cantidad de energías disponibles y cierto grado de equilibrio emocional.
Contraindicaciones. Aquí hay dos aspectos a considerar: uno, el del grado de adhesión a la discriminación sexual, y  dos, el del interés por el tema.
Hay mujeres que se interesan en los grupos de reflexión y que al mismo tiempo adhieren fuertemente a la discriminación sexual. Se trata de una adhesión consciente y manifiesta que aparece bajo la forma de apoyar y defender los estereotipos sexuales.
Esto no es en si mismo un impedimento para participar en los grupos, ya que en muchos casos es justamente en estos grupos donde se produce la toma de conciencia.
En algunos casos, sucede que las participantes perciben por primera vez y de manera distinta la realidad en la que están insertas.
La falta de conciencia de la discriminación es uno de los motivos que están en la base del malestar inespecífico de muchas mujeres, que aparece bajo la forma de insatisfacción, desorientación, desesperanza y/o  sobrecarga que muy frecuentemente acompaña a las crisis de la edad media de la vida.
La simple curiosidad o el interés meramente intelectual son excusas para poder acercarse a un grupo de reflexión. Excusas que al mismo tiempo expresan el deseo y la resistencia por participar en ellos.
Cuando estas excusas defensivas se consolidan y adoptan la forma de “interés por encontrar una solución concreta a un problema especifico” se ve obstaculizada la practica reflexiva.
Como ya se sabe, el grupo de reflexión de mujeres es altamente movilizador y, en este sentido, atenta contra los estereotipos que las participantes traían originariamente. En estos casos, cuando ven peligrar sus estereotipos tienden a desertar del grupo.
Otra  manera de interpretar estos intereses focalizados, es suponer que estas mujeres están buscando un grupo terapéutico y no un grupo de reflexión.
Si esto no es detectado previamente, los modos de intervención de dichas participantes en el sentido de su necesidad particular y generan ansiedades que desbordan lo que puede ser contenido con la metodología de los grupos de reflexión.
Las crisis vitales, en el momento actual, alcanzan tanto a mujeres que responden a modelos tradicionales como a las que adhirieron a una actividad que les permitió atravesar los limites de lo domestico y las funciones maternales.
Las primeras, frente al alejamiento de sus hijos y la caducidad de sus funciones maternales, sienten perder el sentido de sus vidas y sus inquietudes se concentran en dos preguntas clave: ¿ y esto es todo? Y ¿ y ahora qué?.
Las otras mujeres, desvividas por satisfacer tanto las demandas del ámbito publico como las del doméstico, con la exigencia de ser “la mujer maravilla”,  se preguntan, ¿ y para esto es tanta lucha?
Las alternativas deben favorecer proyectos de revalorización y actividad en las primeras, y elaborar la culpa y la vivencia de transgresión en las segundas.

Encuadre.

El encuadre es una necesidad metodologico-instrumental que debe recrear las mejores condiciones para lograr los objetivos propuestos por la tarea. Hace referencia a los limites que demarcan el espacio-tiempo dentro del cual va a desarrollarse la misma. Estos limites estarán en función de los objetivos generales de los grupos de reflexión de mujeres. Y estos remiten tanto a la metodología y objetivos de los grupos operativos como a lo que implica una convocatoria basada en el genero sexual.
El uso de la técnica operativa lleva implícito el propósito de modificar estereotipos referidos a ideas, sentimientos y actitudes.

Modos de intervención de la coordinadora.

Las intervenciones de la coordinadora deberán estar referidas exclusivamente al tema y a las interferencias grupales con relación a dicho tema.
La coordinadora contribuye a sortear los obstáculos en una trayectoria que va definiendo el grupo. Es imprescindible que haya tenido, además de una sólida formación teórica en la coordinación de grupos, un alto grado de entrenamiento personal en grupos de concientización sobre el género sexual y la condición femenina.
La tarea en un grupo de reflexión es prever recursos del tipo verbal.
-                        Los señalamientos. La intervención de la coordinadora con un señalamiento que ponga en evidencia la defensa usada por el grupo, permite debilitar esa muralla que obstruye la reflexión.
-                        Las síntesis. Recurso eficaz en momentos en que el grupo se dispersa en relación con el tema y también con el comienzo de cada nueva reunión.
-                        La información. Cumple fundamentalmente dos objetivos: aportar datos con que las mujeres no cuentan. El otro apunta a incrementar en las mujeres la necesidad de mayor información y a generar la búsqueda activa de la misma.
-                        Promueve la necesidad de buscar mas información, y ésto se da paralelamente a un debilitamiento de la censura interna para incorporar nuevos datos.
“ Hacer consciente lo inconsciente”.

El cierre en los grupos de reflexión de mujeres.

Este trabajo implica, evaluar lo producido y elaborar los duelos por el desprendimiento.
La tarea de cierre –sin excepciones- presenta como saldo positivo, unánimemente compartido, el de haber dispuesto de un espacio privilegiado e inédito para reflexionar sobre temas tabúes o que estaban ocultos en la supuesta naturalidad de la vida cotidiana, muchos mitos se quebraron y algunos otro cayeron.
Debemos tener presente que la perdida o posibilidad de desprendimiento de viejos estereotipos implica un duelo especial que debe ser tenido en cuenta.
La actitud ingenua, antes de “saber” era a menudo utilizada como un colchón muelle en el que se perpetuaban sueños de Cenicienta.
La caída de los mitos y la perdida de la ingenuidad obligan a una tarea posterior de reconstrucción.
La tarea de reconstrucción implica un compromiso. Este compromiso, mucho menos cómodo que la inocencia, obliga a elaborar el duelo por la ingenuidad perdida. Un cierre implica también una apertura, esta dado por la posibilidad de algún tipo de producción concreta y material. Producción que deje huellas.

La producción y los grupos de reflexión de mujeres.

La trascendencia es posible a través de lo que cada individuo es capaz de producir y estas producciones son las que confieren espacios de existencia en el ámbito publico.  Desde esta perspectiva, considero fundamental que las mujeres se propongan acciones productivas que trasciendan lo domestico y les permitan adquirir un espacio de existencia en la cultura y en el devenir histórico. La producción en el ámbito público se caracteriza por ser visible, concreta y palpable. Deja huellas y se inscribe en la historia.
Para que esto sea posible es indispensable que la palabra y la acción trasciendan los limites de la muralla tanto de lo domestico como de los espacios individuales. Esto no significa idealizar el ámbito público y desvalorizar el  doméstico sino redimensionar ambos y no atribuirlos en exclusividad a uno u otro sexo.
- Por ello los grupos de reflexión de mujeres deben favorecer y estimular actividades productivas extradomésticas y remuneradas. Actividades que rescaten antiguas aspiraciones postergadas o posibiliten nuevos intereses insospechados.

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