El sexo oculto del dinero
Conceptos preliminares.
Las ideas predominantes de
la ideología patriarcal giran alrededor de la suposición básica de la
inferioridad de la mujer y la superioridad del varón. Ésta lleva a plantear las
diferencias entre los sexos como diferencia jerárquica. En esta jerarquía los
varones se instalan en el nivel superior y desde allí detentan el poder,
ejercen el control y perpetúan un orden que contribuye a consolidar la opresión
de las mujeres. La suposición básica de la superioridad masculina se apoya en
teorías biologisistas naturalistas y esencialistas. Explica las diferencias
jerárquicas entre los sexos como el resultado de factores exclusivamente
biológicos y, por lo tanto los considera inmutables, omite factores culturales
y sostiene que el ser femenina o masculino corresponde a una esencia.
Esta ideología promueve una
división sexual del trabajo por la cual los hombres son asignados a la
producción y al ámbito público y las mujeres lo son a la reproducción y al
ámbito privado y doméstico. La ideología patriarcal tiende a establecer un
estricto control sobre la sexualidad femenina
El término fantasmas se
refiere a un conjunto de ideas y vivencias (conscientes e inconscientes) que
adoptan la forma de una presencia incorpórea. Confluyen en el fantasma
distintos temores. Unos provienen de fantasías inconscientes terroríficas.
Otros son generados por las transgresiones culturales y el temor a su sanción.
La dependencia económica de
las mujeres.
1.
La dependencia
económica: una forma de subordinación femenina.
Son muchas y variadas las situaciones de dependencia que es posible
encontrar. Los niños dependen de los mayores, los incapacitados de los hábiles,
los enfermos de los sanos , etc. Otra forma de dependencia que es denigrante como
la de los analfabetos y los pobres es la dependencia de las mujeres hacia los
hombres. Estas formas de dependencia pertenecen fundamentalmente al orden de la
cultura.
Esta subordinación llegó a formar parte constitutiva de una supuesta
“condición femenina”, ha sido transmitida ininterrumpidamente en forma
manifiesta y latente, a través de todos los canales de transmisión de la
cultura. Se modificaron algunas legislaciones, se abrieron posibilidades
laborales, se permitió a las mujeres acceder al conocimiento y finalmente en
algunas sociedades y ciertas clases sociales algunas mujeres llegaron a
disponer de iguales posibilidades de desarrollo que los varones. En el mundo
actual la mujer accedió al ámbito público , al trabajo remunerado y por lo
tanto al dinero. Sin embargo, las mujeres siguen perpetuando actitudes de
subordinación económica.
No solo hay que poder acceder al dinero sino también hay que poder
sentirse con derecho a poseerlo y libre de culpas por administrarlo y tomar
decisiones según los propios criterios. Estas reticencias para el coambio
estarían relacionadas entre otras cosas con el fantasma de la prostitución, que
junto con el de la mala madre y el de la feminieidad dudosa, son la expresión
de una mentalidad patriarcal y contribuye a favorecer y perpetuar la
dependencia económica.
2.
El fantasma de
la prostitución.
El dinero ha estado siempre asociado con el ámbito publico, y ha estado
de forma casi exclusiva en manos de hombres. La prostitución es una manera de
comprar y vender un servicio personal que previamente ha sido cosificado y
transformado en objeto, factible de ser entregado y adquirido a cambio de
dinero. La prostitución ha sido una actividad siempre presente, constitutiva de
la cultura occidental judeocristiana desde los albores de la historia e íntima
y fundamentalmente ligada a la mujer y al dinero, dejando fuera de foco al otro de la
transacción el que da dinero. En el lenguaje se omite este hombre que da dinero
y no tener una palabra para él queda a salvo su bien nombre y honor.
Tal vez se piense que no es necesario ocultar la existencia de
proxenetas o empresarios de la prostitución por que ello no resulta ni
vergonzoso ni denigrante. Hacer ostentación de usufructo económico por usar a
la mujer como objeto-fuente de ingresos, parece halagar su capacidad de poder.
La prostitución como actividad fundamentalmente femenina que se
desarrolla en el ámbito público, por lo cual se recibe dinero a cambio de un
servicio personal sexual. La acepción de hombr público es “aquel dedicado a
funciones de gobierno y a tareas que atañen a la comunidad, la mujer pública es
aquella que ejerce la prostitución.
Entonces se tiene la relación:
Mujer + dinero + ámbito público = prostitución
Lso prototipos de mujer que se formaban parte de las nuevas enseñanzas
iniciadas por Jesús y consolidadas por su continuadores son fundamentalmente
dos :
·
La virgen,
representada por María, que es fundamentalmente madre, ser asexuado, núcleo de
la familia y alejada del dinero.
·
La prostituta,
representada por Magdalena, que es fundamentalmente sexuada, desarrolla una
actividad en el ámbito público y se relaciona con el dinero.
Estos son los dos extremos de un continuo en el que son antagónicos son
los roles que puede representar una mujer en su vida.
Cuando surge la revolución industrial, la familia deja de ser una
unidad de producción y se reafirma la
división entre ámbito público y privado asignando las funciones masculinas y femeninas, siendo
el ámbito público al hombre y el privado a la mujer.
En la epoca de guerra la s mujeres son llamadas a l trabajo fuera del
hogar para contribuir económicamente al desarrollo de la nación, recibiendo a
pesar de su dedicación retribuciones menores de las que reciben los hombres en
iguales circunstancias. En el siglo XX muchas mujeres deseosas de un desarrollo
personal que no se limitará a las
satisfacciones hogareñas, han ganado la calle, accediendo al trabajo remunerado
y al dinero, dinero que antes, con relación a la mujer, era solamente
patrimonio de prostitutas.
Ahora las mujeres también ofrecen sus servicios en el ámbito público,
servicios por los cuales reciben dinero, y a pesar de la preparación
experiencia y desempeño labor4al sufren una serie de contratiempos, difíciles
de explicar con el dinero. Se incluye la creencia del fantasma de la
prostitución. Es totalmente inconsciente y ha sido alimentado por siglos de
discriminación, oscurantismo y terrorismo religioso. Sirve para perpetuar el
poder de unos sobre otros, infiltrándose en las conciencias y en la estructura
del psiquismo.
3.
Dinero y sexo:
una transgresión fundamental.
El fantasma de la prostitución está presente de manera encubierta en la
vergüenza y la culpa que muchas mujeres sienten en sus prácticas con dinero. La
vivencia de culpa es harto frecuente y la encontramos preferentemente asociada
con el hecho de trabajar fuera del hogar utilizando sus energías en el ámbito
público en detrimento de la tarea hogareña.
Tradicionalmente, dinero y ambición debían ser distintivos masculinos.
En los discursos femeninos la vergüenza y la culpa frente al dinero aparecen
relacionadas a temores, expectativas y fantasías íntimamente ligadas a la
sexualidad.
La vergüenza y la culpa frente
al dinero, tan frecuente en las mujeres y tan ocasional en los hombres,
condena, encubre y expresa toda una gama de vivencias, pensamientos, deseos,
temores y expectativas de orden sexual. La vergüenza, generalmente ligada a una
desnudes culpable. La desnudez que la cultura occidental judeoccristiana colmó
con atributos pecaminosos, asociada con
el goce sexual. Podría decirse que para una mujer occidental esta
desnud3ez es hacer ostentación de deseos satánicos, encarnando con ello la
tentación de la carne., resulta que las mujeres aspiran a una actitud
exhibicionista que atraiga el deseo de los hombres al mismo tiempo que viven
con culpa todo posible placer conectado con la sexualidad.
En nuestra cultura, la ambición económica, así como la audacia y la
intrepidez han sido características asociadas a la potencia sexual y atribuidas
a la identidad sexual masculina. El consenso popular llama masculina a una
mujer ambiciosa y triunfador a un hombre ambicioso.
El placer sexual aparece cargado de tabúes y castigos en relación con
las mujeres adquiere un tinte pecaminoso, su exhibición es vergonzante y su
exageración es considerada índice de enfermedad o social. En relación a los
hombres se convierte casi en una exigencia compulsiva y su exageración es la
expresión de su potencia, el éxito económico adquiere distintos significados
según de que sexo se trate. Así en el caso masculino se piensa en un hombre
realizado y en el caso de una mujer, que consiguió compensar un fracaso en su
realización femenina. Por ello una mujer tiende a ocultar su placer por ganar
dinero, su ambición económica y en algunos casos sus éxitos financieros. Uno de
los atributos constitutivos del dinero es que sea un instrumento de poder.
Hablar de dinero impúdicamente
sería como evocar una sexualidad prohibida y hacer ostentación de ella.
Tal vez la creencia encubierta es que un comportamiento pudoroso evita el
contacto con lo prohibido y al mismo tiempo se evita convertirse en una fuetne
de tentación. Una extensión de esto puede llevarnos a pensar que el pudor frente al dinero evita el contacto
con él, imponiendo asepsia frente al placer y la ambición.
Vergüenza y culpa en nuestra cultura han estado fundamentalmente
ligadas a transgresiones sexuales. Transgredir el ámbito asignado a la mujer es motivo de culpa. Si a
esto le agregamos el desempeño de una actividad a cambio de dinero, están
presentes los elementos básicos para dar cabida al fantasma de la prostitución.
Los cambios sociales permitieron el acceso al dinero para las mujeres
pero mantuvieron en vigor las connotaciones de prostitución a él asociadas.
La explicación, desenmascaramiento y el trabajo conjunto de las mujeres
sobre el tema, contribuirían, indiscutiblemente, a posibilitar cambios en la
prácticas de dinero.
Los beneficios de la dependencia económica de las mujeres.
Cuando la dependencia extiende sus límites estamos frente a una
alteración del desarrollo y una limitación del crecimiento psicosocial. La
persona dependiente, al igual que la enferma, es limitada, y las limitaciones
restringen su capacidad de acción. La dependencia es poco saludable y genera
malestar y frustración. Según Freud, en su teoría de la neurosis la enfermedad
se desencadena y mantiene a causa de la satisfacción que aporta al sujeto. El
beneficio primario es intrínseco a la neurosis y se haya en el seno mismo del
síntoma. El beneficio secundario es la utilización que un individuo hace de una
enfermedad ya establecida para obtener satisfacciones. Se debe asociar la
dependencia económica con enfermedad ya que ambas ubican al individuo en una
situación de inferioridad subordinación y restricción de sus posibilidades.
1.
Beneficio
primario.
Hay un paralelo entre el proceso neurótico y la situación de
dependencia económica. Ambas situaciones se conformarían sobre la base del
principio del placer y tenderían a obtener un beneficio primario que es la
disminución de la tensión, tensión generada no por tener que enfrentar las
vicisitudes de ganar dinero y las frustraciones, limitaciones y esfuerzos que
ello implica, sino también por las connotaciones inconscientes de transgresión.
2.
Beneficios
secundarios
Los beneficios secundarios que se obtienen a raíz de la dependencia
económica son vividos como ventajas. Estas ventajas presentan la particularidad
de aparecer disociadas de la situación que las generó. Es decir, la
conveniencia que brinda la dependencia económica parece desconectada de la
subordinación que necesariamente implica la misma.
3.
La protección.
Es uno de los beneficios secundarios más sobresalientes. La persona que
depende económicamente es fundamentalmente protegida y por eso mismo, requiere
ser auxiliada en una cantidad de vicisitudes relacionadas con el accionar en el
ámbito público y con el desempeño concreto
de funciones.
Otro beneficio consiste en poder eximirse de la responsabilidad que
implica accionar en el ámbito público. También exime de ponerse a prueba y
enfrentar el juicio de la realidad que se impone por si mismo cuando un
individuo adopta una actitud de participación activa. Una situación de
protección evita una cantidad de esfuerzos y esto ees vivido por el yo como
beneficios y ventajas de ser defendidos.
4.
Una triada
sugestiva: Dinero chico, espacio restringido y tiempo indiscriminado.
Los hombres administran los dineros de la abundancia, las mujeres,
preferentemente, administran los de la carencia. Son los dineros “chicos” los
que tienen un límite predecible y un destino ya asignado. Es el dinero de la comida, de la ropa de los
chicos, de la decoración de la casa y, eventualmente, el del personal de
servicio.
Puede también observarse con frecuencia que las mujeres se mueven en un
espacio caracterizado por la contigüidad, la cercanía, los límites detectables
y aprehensibles; es un espacio cuerpo a cuerpo, un espacio material y concreto,
posible de medir y de amplitud reducida.
En relación al tiempo es factible detectar la presencia de un tiempo
continuo, indiscriminado, que aparece disociado de lo económico. Es un tiempo
ligado a la práctica maternal y a la experiencia doméstica.
Este dinero, este tiempo y este espacio tan frecuentes de observar en
la conducta psicológica de mujeres, son un dinero, un espacio y un tiempo
esculpidos a la medida del ámbito privado, a la medida de lo doméstico. La
falta de contacto fluido con el dinero, que es una de las características de la
dependencia económica, y al mismo tiempo una consecuencia, se entrelaza con una
manera particular de concebir el tiempo y el espacio, creando un modelo
psíquico que va a tener fundamental importancia en todo lo relativo a la
modalidad y toma de decisiones.
La participación en el dinero desde un lugar de dependencia tan
generalizado en las mujeres, aun cuando sean capaces de ganarlo, inhibe el
desarrollo de ciertas funciones yoicas incluyendo muy particularmente un
especial manejo del tiempo y del espacio que compromete la capacidad de
proyectar y proyectarse.
Amor y dinero
Hay una cantidad de situaciones que sufren diario muchas mujeres, que
forman parte de la vida cotidiana y que por habituales, terminan pasando
inadvertidas, estos comportamientos son resultado de un conflicto, que expresa
una profunda e intensa lucha que se libra a nivel inconsciente entre el modelo
al que debe responder una mujer para sentirse femenina, y las implicaciones que
tiene el dinero en nuestro medio.
La falta de conocimiento de dicho conflicto contribuye a que el mismo
se perpetúe, generando comportamientos que atentan contra el bienestar psíquico
de muchas mujeres.
1.
El ideal
maternal
Gracia, belleza tolerancia,
dulzura, comprensión, entrega, etc, condensan atributos que señalan,
insdistintamente a la mujer, a lo “femenino” y a lo maternal. Toda madre es
mujer pero no es cierto que toda mujer sea madre, es necesario ser tolerantes
incondicionales, altruistas y continentes. No es cierto que una mujer deba
hacer gala de tolerancia, incondicionalidad, altruismo y abnegación cuando se
están desempeñando funciones que tienen que ver con la maternidad. Mientras el
sexo está determinado biológicamente, el género lo está culturalmente. Y es por
ello que actitudes muy específicas que en una cultura resultan exclusivas de
las mujeres en otra cultura lo son de los varones. Esta confusión entre otras
cosas lleva a identificar lo femenino con lo maternal, perpetuando el consenso
de que ser mujer es equivalente a ser madre. Pero no cualquier madre. Una madre
buena, desinteresada, abnegada e incondicional. Las actitudes como la
tolerancia, la paciencia, la generosidad, el renunciamiento, entrega, bondad,
dedicación, que son atributos de una buena madre, resultan ser las expresiones
más acabadas de la femineidad.
Concebir que una muere es igual a una madre, a una buena madre,
implica, entre otras cosas, transformar a la maternidad y todos sus atributos
en lo “esencialmente femenino”. Es decir, una mujer será considerada tanto mas
femenina, según esta ideología, cuantos
mas atributos maternales caractericen su comportamiento. De esta manera
garantiza su genero y reafirma uno de los pilares de identidad. Cualquier
cuestionamiento a la misma es vivido como un ataque a la integridad. Las
alternativas para una mujer serán ser bueno o mala madre, pero siempre madre.
En el caso de las prácticas con el dinero, es posible suponer que
muchos de los comportamientos poco eficientes que las mujeres evidencian en
relación a él, son el resulta do de profundos sentimientos de culpabilidad, en
la medida en que acceder y disponer del dinero significa una transgresión al
ideal maternal que sustenta y avala un paradigma de femineidad.
2.
El dinero.
Es el representante material de la riqueza y genera poder. El dinero se
caracteriza, entre otras cosas, por ser acumulable, transferible,
transportable, imperecedero, manipulable e inespecífico. La utilización del
dinero como medio para satisfacer las distintas aspiraciones, obliga a
desplegar y poner en práctica una serie de mecanismos que tiene que ver
fundamentalmente, con el raciocinio y la acción.
Un intercambio pautado con el objetivo de obtener beneficios. En ese
sentido es muy distinto de las prácticas maternales, donde el altruismo, la
incondicionalidad, y la abnegación caracterizan un intercambio desparejo donde
uno predominante se entrega a otro que predominantemente recibe.
Una de las tantas dicotomías es la de presentar el mundo de los afectos
y la racionalidad como incompatibles y hasta se llega a plantear que tienen un
origen sexuado. El dinero va adquiriendo, merced a los mecanismos proyectivos
de los seres humanos, una aureola que aparece adornada con una cantidad de
atributos tales como frialdad, racionalidad, especulación egoísmo, interés
persona, etc.
El dinero pasará a ocupar en la realidad social y en lo imaginario que
acompaña a dicha realidad, un sitio necesariamente ubicado en la vereda de
enfrente del ideal maternal
Aquellas situaciones donde confluyen o se supone que deben confluir
estas diversas actitudes se transforman en un verdadero campo de batalla. Nos
encontremos frente a un conflicto inconsciente que genera síntomas, que son
comportami4entos concretos, en los cuales las mujeres hacen gala de paradojicas
ineptitudes en las prácticas con el dinero. Esos comportamientos son una salida
honorable por medio de una transacción, un arreglo inconsciente entre las
tendencias en pugna en la cual se cede algo para no perder todo, las mujeres
ceden, en sus síntomas, la autonomía que adquirieron con la independencia, de
esta manera se da satisfacción a las dos partes en conflicto. Esta perdida de
autonomía es una de las maneras de expiar la culpa por haber transgredido. Esta
renuncia ofrece además un beneficio que consiste en soslayar la responsabilidad
de hacerse cargo de las actitudes censurables que se le adjudicarían si no
fuera por el síntoma. En tanto las mujeres desconozcan la existencia del
conflicto, éste se mantiene inconsciente y las señas que emite a través de los
comportamientos sintomáticos no llegan a ser descifrables.
Uno de los mayores obstáculos para hacerlo consciente reside en que
dicho conflicto es el resultado de una ideología, cuyo fundamental interés es
mantener a las mujeres apartadas de los medios de poder.
Las mujeres no somos solamente víctimas de una ideología que se nos impone,
sino que participamos activamente en el mantenimiento de ella. La fuerza
persuasiva de la ideología patriarcal dispone de variados recursos.
a)
temor a perder
la femineidad
b)
miedo a perder
el amor del hombre
en nuestra cultura la mujer ha sido criada para ser a través de otro, a
través de los hijos, y del amor de un hombre. El riesgo de perder el amor del
hombre, o la femineidad es frecuentemente vivido dentro de este
condicionamiento ideológico como un riesgo a perder la propia identidad y el
sentido de la existencia.
De los comportamientos sintomáticos algunos son considerados como
dificultades mientras que otros son vividos como hechos naturales
Entre los primeros las mujeres mencionan explícitamente, la dificultad
para poner precio a un servicio, la dificultad para cobrar y reclamar deudas,
la dificultad para emprender sola caminos nuevos en ámbitos económicos
laborales, la dificultad para pensar, programar y disponer de las sumas
grandes, la dificultad para formalizar y
explicitar los contratos de trabajo que impliquen dinero, la vivencia
culpable por usar dinero en beneficio exclusivo y personal. Surge el deseo y el
propósito de modificarlos.
Otros síntomas son considerados por las mujeres como hechos naturales
que corresponden al funcionamiento natural femenino. No son cuestionados, ni
reconocidos como dificultades. Mas bien son reafirmados y, en la mayoría de los
casos, fuertemente avalados y defendidos. Entre estos figuran: no ganar mas que
el hombre, ser propietaria de los hijos mientras el hombro lo es del dinero,
delegar en los hombres las decisiones relativas al dinero, delegar en los
hombres el ejercicio del poder económico, asumir como propio el ejercicio de
otro poder invisible
Son estos comportamientos, considerados como naturales, los que están
mas impregnados ideológicamente. Como natural es considerado inmodificable, los
comportamientos así catalogados terminan siendo aceptados como hechos
irreversibles. Esos hechos se vuelven invisibles.
3.
Los honorarios
profesionales.
Los honorarios profesionales son frecuentemente motivo de preocupación
para muchas mujeres que no logran manejarse con ellos con la misma desenvoltura
con que hacen en otras áreas de su práctica profesional.
Estipularlos, recibirlos y/o reclamarlos implica muchas veces una
cantidad de energía adicional que no siempre es coronada con éxito. Podemos
contribuir a su comprensión planteando que estas dificultades son también
comportamientos sintomáticos que están expresando conflictos.
Los honorarios circulan
fundamentalmente en el ámbito público, son la evidencia de un mecanismo por el cual se recibió dinero a cambio de un
servicio. Tradicionalmente las actividades profesionales que incluyen el dinero
como forma de pago han sido ejercidas por los hombres con excepción de una
sola, la prostitución. Y esta tradición ancestral está presente de manera
inconsciente cuando las mujeres reciben dinero a cambio de un servicio. Y que
esa identificación genere mayor o menor conflicto dependerá de una red de
experiencias preconceptos y de las ideologías internalizadas al respecto.
Paralelamente el cobro de honorarios pone en evidencia un
comportamiento opuesto a las actividad es maternales, estas actividades son
vividas como transgresión a las expectativas sociales internalizadas.
Los dineros de la sociedad
conyugal.
Una sociedad en que unos son mas iguales que otros.
La sociedad conyugal. En lo que a
bienes respecta, lo de “sociedad” habitualmente resulta ser solo nominal. La toma de decisiones sobre ellos, su
administración e inclusive el uso de los mismos, dista mucho de concordar con
la “letra de la ley” actual. Mientras la
sociedad conyugal existe, suele ser solo uno de los socios –generalmente el
varón- quien administra y dispone.
Quien concreta la decisión y hace
efectiva la entrega económica es, casi sin excepciones, el varón.
Dinero “chico y
dinero grande”.
El dinero “chico” es aquel
directamente asociado a lo que comercialmente y en contabilidad se conoce como “caja chica”. Es el dinero de todos los
días, se usa bajo control y el que generalmente dispone y administra el
personal no jerárquico de una empresa.
Es administrar un dinero
“invisible”, que no deja rastros, su destino es ser consumido por las
necesidades mas perentorias. Dan poco margen
para elegir con autonomía, esta destinado a necesidades que de una y
otra manera deben obligatoriamente ser cubiertas. La responsabilidad es muy grande porque las
deficiencias en su manejo afectan el funcionamiento básico de toda la familia.
Cuando anda bien, pasa inadvertida.
El “dinero grande”. El que
generalmente administran los dueños o el personal jerárquico. Es el dinero en
donde se asienta el poder.
Llega a resultar “natural”, que
cuando ambos miembros hacen aportes económicos, las mujeres destinen sus
ingresos a gastos relacionados con lo
domestico: comida, ropa de los hijos, adornos para la casa, mientras los
hombres “naturalmente” se ocupan de los gastos extraordinarios: carros,
ahorros, vacaciones, etc.
Es un dinero asociado al placer y
deja a cambio de su consumación el recuerdo de una experiencia no habitual. Su
administración no requiere la rigurosidad ni constancia. Es un dinero que no
pasa inadvertido. Quien lo administra es fácilmente asociado a una figura
grata. Este dinero tiene su asiento en la billetera del varón, otorga un grado
de autonomía y poder, le permite elegir el momento oportuno para gastarlo y la
persona adecuada con quien hacerlo. Las
mujeres se sienten halagadas cuan los hombres gasta dinero en “ellas.
El dinero destinado a las
inversiones forma parte del “dinero grande”.
El dinero destinado a los gastos
personales no compartibles, es el dinero con que se cuenta para satisfacer una
necesidad exclusivamente personal, viene a representar el permiso para un
espacio propio y el reconocimiento de deseos y necesidades que no estén en
función de los otros. Este es el dinero
del que casi siempre disponen los varones y muy a menudo carecen las mujeres.
Es frecuente observar que las
mujeres presentan enormes dificultades para disponer de un dinero “propio” para
si mismas. Obtener dinero para “sus” cosas se convierte en una tarea ardua y
hasta angustiante. Debe pedírselo al
marido o extraerlo mediante múltiples artificios.
La dificultad para disponer de
dinero para “ cosas personales”, no se limita
a aquellas que dependen económicamente, también aparece en las que
trabajan y son remuneradas. Generalmente lo vuelcan en la familia y padecen
sentimientos de culpabilidad cuando lo disponen para ellas.
El dinero de la dependencia.
La administración del dinero
“chico”, al que preferentemente se restringen las mujeres, no favorece el
desarrollo de hábitos independientes. Por el contrario, perpetua una situación
infantil que consolida muchas de las limitaciones que es frecuente observar en
las practicas cotidianas y que llevan a afirmar a mucha gente que “las mujeres
no están hechas para manejar dinero.
La administración del dinero
“chico” por parte de las mujeres no es un hecho biológico ni el resultado de su
“naturaleza inamovible”. Es consecuencia de múltiples factores que interactúan
entre sí dialécticamente.
Una particular distribución del
poder:
“Los hijos son míos y el dinero es tuyo”
Muchas son las situaciones que han
confluido para generar las condiciones que dan como resultado que los hijos
sean considerados una posesión indiscutida.
Y aquí se cierra el círculo: el
tiempo, las energías y los desvelos dedicados conducen necesariamente a la
vivencia y convicción de que los hijos les pertenecen Y esta posesión, a su
vez, se convierte en el premio y evidencia de tantos afanes.
Es importante definir los
siguientes términos: el ámbito público es aquel donde se origina, se aprende y
se ejerce el poder.
El ámbito privado limitado por el círculo
familiar y los muros del hogar, el del tiempo inmediato, donde gran parte del
lenguaje esta implícito y sus contenidos sobreentendidos, donde la
indiscriminación es una especie de patrimonio común; ámbito destinado para la
gestación y crianza de los hijos, donde el trabajo se vuelve invisible.
Una de las grandes ironías de la
historia fue equiparar el ámbito privado con un reino y luego proclamar a la
mujer “reina del hogar”, mientras el varón es el rey del mundo, la mujer, reina
del hogar solo dispone de aquello que circula dentro de su feudo y los hijos.
Durante siglos, asignaba a los
varones el ámbito publico, posibilitándoles y exigiéndoles la responsabilidad
de ejercer el poder para “beneficio de la humanidad”. Las mujeres, recluida en
el ámbito privado, tenían expresamente prohibido anhelar o ambicionar prerrogativas
consideradas “impropias de su sexo”.
Las mujeres buscaron alternativas
dentro con qué contrarrestar el poder concentrado exclusivamente en los
hombres, ante la situación de opresión, buscaron dentro de su reino la manera
de obtener poder. Posiblemente no solo buscó el poder con finalidad defensiva
sino también por ambición genuina de
poder.
Cabe señalar que en nuestra cultura
existen ciertas creencias acerca de que la ambición de poder es característica
y condición de los hombres. Sin embargo, la observación atenta de nuestro
entorno, provee ejemplos donde se hace evidente la vocación de poder en la
mujer. El rigor científico menciona que el poder esta presente tanto en hombres
como en mujeres. En el hombre es natural y en la mujer suele ser visto con
malos ojos, como algo poco femenino e incluso como una desviación de los
sentimientos y tendencias “propias de su genero”.
Un
hombre ambicioso suele ser visto como alguien que cumple con su destino,
contribuirá al desarrollo sociocultural y dará prosperidad. Por el contrario,
una mujer ambiciosa despierta recelos y genera comportamientos defensivos.
La ambición de poder en el ámbito
publico es el deseo de ejercer el poder sobre los dispositivos de control y
regulación social que traspasen el espacio circunscrito y el tiempo limitado.
No parece haber ninguna
comprobación fehaciente que demuestre que la ambición de poder es condición
exclusivamente masculina. Deberíamos aceptar su “normalidad” tanto en hombres
como en mujeres.
Un reciente estudio de Prudential Securities
revela que, mientras en 1995 casi la mitad de las mujeres consultadas
consideraban que "invertir es demasiado riesgoso" y que no se
atreverían a hacerlo, en 1999 sólo una de cada cuatro rechazaba la idea de
entrar al mercado.
"Existen
también claras evidencias de que las mujeres están aprendiendo más sobre el
mundo de las finanzas", dice el estudio de Prudential. Pero comparadas con
el hombre, que siempre ha vivido obsesionado con los números, estas siguen a la
zaga.
El
estudio muestra que una de cada cuatro mujeres coincide con la afirmación
"los altibajos de la bolsa de valores me ponen nerviosa", en tanto
que sólo uno de cada tres hombres se siente identificado con la frase.
La ambición de poder satisface
ciertas necesidades. Cuando se ven coartadas, buscan caminos no tradicionales a través de dispositivos no genuinos. Se da entonces
el ” los hijos son míos y el dinero de mi marido”.
Y dramáticamente hombres y mujeres
dependen mutuamente dependientes al retener cada uno para sí el monopolio de
las prácticas y conocimientos de los ámbitos respectivos.
Ya sea para obtener un espacio de
poder y satisfacer así su ambición o para defenderse de la represión de que era
objeto, la mujer estuvo en condiciones de transformar el manejo de los afectos y los hijos en
instrumentos de poder.
¿ Son los hijos instrumentos de poder
equivalentes al dinero?
El dinero es un instrumento de
poder con el que se controla, se somete, se condiciona, se ejerce presión, se
satisfacen venganzas, etc.
Mucho menos aceptan que sus hijos
son algo mas que los destinatarios de sus mejores sentimientos, que también son
instrumentos mediadores con que se balancean presiones; se enfrentan amenazas,
se esgrimen como baluartes de seguridad, se usan como garantía de futuro, etc.
Y aquí entramos en el terreno de “
los poderes ocultos y de la ilusión de poder”. Se dice que el poder de las
mujeres es subterráneo, basado en la producción, manejo y distribución de los
afectos.,
Los afectos forma parte del mundo
subterráneo e invisible es un concepto parcial y prejuicioso que habría que
revisar, cuyos alcances son inconmensurables y su acción devastadora.
Los hijos pueden ser vividos como
una propiedad, y llegar a ser
utilizados por las mujeres para ejercer el poder, así como los hombres utilizan
el dinero con iguales fines.
Entre las propiedades más evidentes
y manifiestas, el dinero presenta – entre otras – el de ser un objeto poseible,
inespecífico, acumulativo, imperecedero, transferible, ilimitado y estar a
merced de la voluntad de quien lo posee.
Por su parte, los hijos son seres
humanos (cuya posesión es discutible) específicos, limitados, intransferibles,
no acumulativos y con posibilidad de autonomía.
El dinero mantiene una “vida útil”,
sobrepasa la edad. El transcurso del tiempo no genera un desgaste
significativo. Y aun en ocasiones su “añejamiento” le agrega valor.
A diferencia del dinero, los hijos como instrumentos de
poder están a merced de las contingencias de la
vida y de las vicisitudes de los afectos, lo cual contribuye escasamente
a consolidar la idea de que “teniendo “ a los hijos se tiene un poder ilimitado.
El mito del poder oculto. Se trata
de un mito que alimenta los anhelos de posesión, que hace aparecer a los
afectos como vivencias indescifrables (solo al alcance e las mujeres) y a la
experiencia en el manejo de los mismos como un “poder oculto”, condiciona la
reclusión y la dependencia de las mujeres al tiempo que favorece la expansión
de los hombres y del control y dominio que estos ejercen sobre la naturaleza y
la cultura. Mito que garantiza a las mujeres el monopolio de los afectos
haciéndoles pagar el precio de ser las depositarias de lo “oculto, misterioso y
atemorizante” de las vivencias humanas. Mantiene apartadas a las mujeres del
ámbito publico, restringiendo así, en un 50% la competencia mundial en la
participación de lo que se produce.
Pone énfasis en las supuestas
habilidades de cada sexo dejando a uno a merced del otro en aquello que
desconocen.
Un mito que intenta hacer creer que
los afectos son “ invisibles” y el poder publico “ transparente.
Los
hombres y el acopio de dinero.
El
acopio de dinero suele ser vivido por el varón como un objetivo ineludible.
Como una meta inclaudicable que pareciera satisfacer algo mas que la ambición
de poder.
Uno
de los problemas es que quedan encerrados en una exigencia y una trampa. La
exigencia demostrar siempre una potencia inagotable, potencia que se mide en
cantidad. La exigencia de ser Superman, siempre listos, sin las molestas
debilidades humanas y con el éxito garantizado-
La
trampa es que basan su autoestima en una imagen omnipotente. Los hombres quedan
a merced de las vicisitudes económicas, y su autoestima adherida al
deslumbrante y frágil poderío del dinero.
El dinero, ¿ un indicador de masculinidad?
La
potencia económica puede ser utilizada como reemplazo de la potencia sexual.
Los
medios de comunicación masivos abundan en ejemplos, e hombre viejo que, cuando
gana la lotería, se siente en condiciones de aspirar, y supuestamente
satisfacer, a mujeres jóvenes.
Son
muchos los factores, no podemos omitir que en una sociedad con ideología
patriarcal, el hombre tiene asignado el rol de mantener a la mujer y esta el de
ser mantenida por el hombre. El ideal de hombre para una mujer será aquel que
mejor la mantenga. Y esta acumulación de dinero que le permite al hombre “ ser
un buen partido”.
Aquí
el dinero posibilita un mayor acceso a las mujeres.
La
cantidad de dinero se vuelve importante en aquellas sociedades cuyo sistema
económico jerarquiza el dinero y lo
convierte en la llave que abre las puertas de todas las satisfacciones que
propicia dicho sistema. En este sentido, el sistema económico capitalista
antepone la acumulación de dinero como un valor supremo.
En
la cantidad de dinero se genera el poder económico. Por ello el incremento del
dinero satisface la ambición y favorece el ejercicio del poder.
La
valoración de la cantidad en el funcionamiento sexual proviene de por lo menos
dos vertientes. Por un lado la ideología patriarcal fundamenta en sostener que
el varón es mas que la mujer: mas fuerte, mas elevado, más noble, mas
inteligente, mas sabio, mas honesto, mas puro, etc. Insiste en las bases
“biológicas”. Por lo tanto, siendo el hombre “mas” en todo, debe serlo también
sexualmente.
Es
más potente el que más puede. En aras de esta cantidad, muy frecuentemente los
hombres minimizan los matices de la calidad.
Así
como para las mujeres la maternidad se convierte en una “garantía” de
femineidad ( si es buena madre es mujer y femenina) para los hombres la
potencia sexual –entendida como cantidad- se convierte también en “garantía” de
masculinidad.
La
valoración de la cantidad se convierte para los hombres en un callejón sin
salida que los lleva a apelar a la
cantidad económica cuando la sexual se resiente. Esta sustitución conduce a una
dependencia mayor del dinero y, en consecuencia a una mayor vulnerabilidad.
La
potencia económica viene a reafirmar la masculinidad: “ el que tiene dinero es
bien hombre”. El dinero aparece, entonces, como un indicador del genero sexual
masculino
Time is money....¿ una mentira
piadosa?
Esta
expresión, además de valorar el tiempo, sugiere que éste debe proporcionar
beneficios económicos.
Si
analizamos las propiedades del tiempo y del dinero, resultan hasta opuestos en
ciertos sentidos.
-
El dinero, es acumulable,
transferible, intercambiable, ilimitado, imperecedero; es palpable, poseible y
controlable.
-
El tiempo es irreproducible e
irreversible, su transcurrir se diluye. Su acumulación no se convierte en un
“capital disponible”, sino en un capital del que “ya” se dispuso. Es impalpable
e inasible, lo cual lo hace muy poco controlable. Tiene un movimiento constante
e implacable. Solo es “poseído” en la medida en que se lo “gasta” con plena
conciencia; asi adquiere palpabilidad en la conciencia de su consumación.
Que
el dinero no reemplaza al tiempo sino que se alimenta de él. Esta expresión
tiende a encubrir el intercambio (tiempo por dinero). La creencia de que
convertir el tiempo en dinero es un negocio que va a pura ganancia suele ser
una trampa en la que caen mayormente los hombres, empeñando en ellas sus vidas.
Uno
de los grandes atractivos del Time is money reside no solo en el poder que
deriva del dinero, sino en la ilusión de poder sobre el tiempo, que es como decir la ambición de poder y
dominio sobre la muerte.
Pero
resulta que cuanto más un individuo se aferra a ideas y vivencias ilusorias,
tanto menos puede disponer de las posibilidades reales que la vida concreta le
ofrece.
No
todos los hombres creen que su potencia se mide por la cantidad, ni sustentan
en ella su virilidad. Tampoco recurren todos a la potencia económica como
reaseguro o remplazo de la sexual.
La
ideología patriarcal, impone al hombre la obligación de ser el responsable
económico. Esto le otorga poder pero al mismo tiempo le crea la exigencia
irrenunciable de responder a ese rol. “ Un hombre sin dinero no es un hombre
entero”.
El dinero en los tratamientos psicológicos.
A veces, sin mucha conciencia de
ellos, con relación a este tema, enfatizan el rol económico del varón y son
condescendientes con la dependencia económica de la mujer.
El dinero del hombre, el “grande”,
pasa a ser el dinero “ en serio”. El otro es casi como de juguete. Estas
actitudes diferenciales de los terapeutas, a menudo inconscientes contribuyen a
perpetuar una ideología patriarcal.
Por ello considero conveniente que
los profesionales se cuestionen e indaguen en ellos mismos acerca de sus
propias creencias en relación con las practicas económicas, creencias que
siempre están presentes en la practica profesional.
También los recursos teóricos están
altamente impregnados.
-
La dependencia económica ha sido considerada históricamente como
formando parte de la condición femenina.
-
Esto contribuye frecuentemente a que ni la paciente ni el terapeuta lo
visualicen como un problema fundamenta para la salud.
-
Además, la mirada del terapeuta, su escucha y sus intervenciones no son
neutrales.
-
Los terapeutas se convierten, así en cómplices de estos aspectos
infantiles y contribuyen de esa manera a perpetuar la subordinación de las
mujeres.
La dependencia económica produce
efectos tan devastadores como cualquier neurosis. Genera limitaciones
comparables en sus consecuencias patológicas a las que se derivan de los
habituales cuadros fóbicos y depresivos tan frecuentes en las consultas
psicológicas de mujeres.
El tema de la dependencia ha sido
tomado por las teorías psicológicas, en particular el psicoanálisis, que lo han
explicado como formando parte de la “naturaleza femenina”. Pero no pudo eludir
una cantidad de prejuicios inherentes a la sociedad y al momento histórico en
que se dio.
Freud plantea que el complejo de
castración surge como consecuencia de la percepción de la diferencia anatómica
entre los sexos. Esta diferencia es explicada a través de lo que él llamo la
“teoría sexual infantil”. Los niños suponen que todos los eres humanos nacieron
con pene y al descubrir que algunos no lo tienen, deducen que es porque lo
perdieron. A partir de aquí el complejo de castración se instala, generando una
profunda angustia.
Sostiene que la niña se visualiza a
si misma como castrada y a partir de ahí “entra” en el Edipo, buscando que el
padre, simbólicamente, le de el órgano de que carece (la madre no puede ser, ya
que tampoco lo tiene) preparando así el terreno para que, de mayor, reencuentre
el pene en un bebe que sea capaz de gestar. Queda en pie la pregunta de cómo es
posible que la niña viva como perdida algo que nunca tuvo.
La mujer no se consolará nunca de
esta castración y caerá víctima de una profunda envidia del pene y complejos de
virilidad. Así se explican desde la teoría las actitudes “activas” de las
mujeres. A partir de estas concepciones las mujeres seriamos “naturalmente”
dependientes y nuestra única alternativa – en relación con el dinero- seria la
de ser “mantenidas-protegidas” por el
hombre –padre o acceder al dinero a través de la prostitución, que es otra
manera de subordinación al varón. Sin embargo, la historia de muchas mujeres
independientes, a pesar de su época, desmiente esta afirmación.
Algunas psicoanalistas están
trabajando intensamente y ya tienen
propuestas teóricas para indagar sobre esta problemática.
Los grupos de reflexión de mujeres.
Antecedentes.
Se inicia a principios de la década
del 60. A partir del año 1970, la Asociación Argentina de Psicología y
Psicoterapia de Grupo adoptó una modalidad particular de los grupos operativos
que se denomino “grupos de reflexión”. Los grupos de reflexión son utilizados
desde entonces como instrumentos para la formación sistemática de profesionales
en la coordinación de grupos en general y de grupos terapéuticos en particular.
La
especificidad de los grupos de reflexión de mujeres.
Estos grupos convocan en función
del genero sexual. Implica incluir un aspecto muy poco presente en las mujeres,
que es la conciencia de pertenecer a un genero y que dicha pertenencia
condiciona jerárquicamente los lugares y funciones que le son asignados en
nuestra cultura en tanto mujer.
Los grupos de reflexión de mujeres
surgen en nuestro medio como una necesidad de encontrar un espacio para pensar
acerca de aspectos relacionados con la mujer, pero no con la mujer en abstracto
sino a partir del hecho concreto de ser mujer, con determinadas actividades en
un medio social también determinado.
En Buenos Aires comienzan a
realizarse grupos aislados ente profesionales mujeres, preferentemente
psicólogas de la década del 70. A fines de 1979 se creo el Centro de Estudios
de la Mujer. Dos años después, en 1981, comienzan a realizarse grupos de
reflexión de mujeres sobre problemáticas femeninas basadas en aspectos de la
vida cotidiana. El CEM se convierte en la primera institución en la Argentina.
Surge la conciencia de genero. Esto
permite que las mujeres se reconozcan como formando parte de un grupo particular, que, por el hecho de ser
mujer, esta ubicado en un lugar jerárquicamente inferior dentro de la
estructura social.
Las mujeres acuden a los grupos de
reflexión a partir de una curiosidad manifiesta, de un malestar inespecífico o
de un cuestionamiento acotado relacionado con aspectos de la vida cotidiana.
Emerge un profundo sentimiento de
solidaridad y el comienzo de rever y redimensionar la tan mentada “competencia
entre mujeres”. Se perfila la posibilidad de plantearse la competencia a partir
de la posibilidad de producir en el ámbito publico y de ser capaz de ganarse un
espacio para trascender en forma directa a través de sus propias producciones y
no indirectamente a través de las realizaciones de los otros.
Criterios de selección: indicaciones
y contraindicaciones.
La selección debe cumplir una
función preventiva que proteja la continuidad y la producción de la tarea
grupal.
El
grupo de reflexión con mujeres ofrece un continente particular y
distinto de otros grupos, que estimula la conciencia de genero. Y ello resulta
particularmente movilizador. Así, la participación en un grupo de reflexión de
mujeres demanda una tarea interna muy intensa, requiriendo una cantidad de
energías disponibles y cierto grado de equilibrio emocional.
Contraindicaciones. Aquí hay dos
aspectos a considerar: uno, el del grado de adhesión a la discriminación
sexual, y dos, el del interés por el
tema.
Hay mujeres que se interesan en los
grupos de reflexión y que al mismo tiempo adhieren fuertemente a la
discriminación sexual. Se trata de una adhesión consciente y manifiesta que
aparece bajo la forma de apoyar y defender los estereotipos sexuales.
Esto no es en si mismo un
impedimento para participar en los grupos, ya que en muchos casos es justamente
en estos grupos donde se produce la toma de conciencia.
En algunos casos, sucede que las
participantes perciben por primera vez y de manera distinta la realidad en la
que están insertas.
La falta de conciencia de la
discriminación es uno de los motivos que están en la base del malestar
inespecífico de muchas mujeres, que aparece bajo la forma de insatisfacción,
desorientación, desesperanza y/o
sobrecarga que muy frecuentemente acompaña a las crisis de la edad media
de la vida.
La simple curiosidad o el interés
meramente intelectual son excusas para poder acercarse a un grupo de reflexión.
Excusas que al mismo tiempo expresan el deseo y la resistencia por participar
en ellos.
Cuando estas excusas defensivas se
consolidan y adoptan la forma de “interés por encontrar una solución concreta a
un problema especifico” se ve obstaculizada la practica reflexiva.
Como ya se sabe, el grupo de
reflexión de mujeres es altamente movilizador y, en este sentido, atenta contra
los estereotipos que las participantes traían originariamente. En estos casos,
cuando ven peligrar sus estereotipos tienden a desertar del grupo.
Otra manera de interpretar estos intereses
focalizados, es suponer que estas mujeres están buscando un grupo terapéutico y
no un grupo de reflexión.
Si esto no es detectado previamente,
los modos de intervención de dichas participantes en el sentido de su necesidad
particular y generan ansiedades que desbordan lo que puede ser contenido con la
metodología de los grupos de reflexión.
Las crisis vitales, en el momento
actual, alcanzan tanto a mujeres que responden a modelos tradicionales como a
las que adhirieron a una actividad que les permitió atravesar los limites de lo
domestico y las funciones maternales.
Las primeras, frente al alejamiento
de sus hijos y la caducidad de sus funciones maternales, sienten perder el
sentido de sus vidas y sus inquietudes se concentran en dos preguntas clave: ¿
y esto es todo? Y ¿ y ahora qué?.
Las otras mujeres, desvividas por
satisfacer tanto las demandas del ámbito publico como las del doméstico, con la
exigencia de ser “la mujer maravilla”,
se preguntan, ¿ y para esto es tanta lucha?
Las alternativas deben favorecer
proyectos de revalorización y actividad en las primeras, y elaborar la culpa y
la vivencia de transgresión en las segundas.
Encuadre.
El encuadre es una necesidad
metodologico-instrumental que debe recrear las mejores condiciones para lograr
los objetivos propuestos por la tarea. Hace referencia a los limites que
demarcan el espacio-tiempo dentro del cual va a desarrollarse la misma. Estos
limites estarán en función de los objetivos generales de los grupos de
reflexión de mujeres. Y estos remiten tanto a la metodología y objetivos de los
grupos operativos como a lo que implica una convocatoria basada en el genero
sexual.
El uso de la técnica operativa
lleva implícito el propósito de modificar estereotipos referidos a ideas,
sentimientos y actitudes.
Modos de intervención de la
coordinadora.
Las intervenciones de la
coordinadora deberán estar referidas exclusivamente al tema y a las
interferencias grupales con relación a dicho tema.
La coordinadora contribuye a
sortear los obstáculos en una trayectoria que va definiendo el grupo. Es
imprescindible que haya tenido, además de una sólida formación teórica en la
coordinación de grupos, un alto grado de entrenamiento personal en grupos de
concientización sobre el género sexual y la condición femenina.
La tarea en un grupo de reflexión
es prever recursos del tipo verbal.
-
Los señalamientos. La intervención de la coordinadora con un señalamiento
que ponga en evidencia la defensa usada por el grupo, permite debilitar esa
muralla que obstruye la reflexión.
-
Las síntesis. Recurso eficaz en momentos en que el grupo se dispersa en
relación con el tema y también con el comienzo de cada nueva reunión.
-
La información. Cumple fundamentalmente dos objetivos: aportar datos
con que las mujeres no cuentan. El otro apunta a incrementar en las mujeres la
necesidad de mayor información y a generar la búsqueda activa de la misma.
-
Promueve la necesidad de buscar mas información, y ésto se da
paralelamente a un debilitamiento de la censura interna para incorporar nuevos
datos.
“ Hacer consciente lo
inconsciente”.
El cierre en los grupos de
reflexión de mujeres.
Este trabajo implica, evaluar lo
producido y elaborar los duelos por el desprendimiento.
La tarea de cierre –sin
excepciones- presenta como saldo positivo, unánimemente compartido, el de haber
dispuesto de un espacio privilegiado e inédito para reflexionar sobre temas
tabúes o que estaban ocultos en la supuesta naturalidad de la vida cotidiana,
muchos mitos se quebraron y algunos otro cayeron.
Debemos tener presente que la
perdida o posibilidad de desprendimiento de viejos estereotipos implica un
duelo especial que debe ser tenido en cuenta.
La actitud ingenua, antes de
“saber” era a menudo utilizada como un colchón muelle en el que se perpetuaban
sueños de Cenicienta.
La caída de los mitos y la perdida
de la ingenuidad obligan a una tarea posterior de reconstrucción.
La tarea de reconstrucción implica
un compromiso. Este compromiso, mucho menos cómodo que la inocencia, obliga a
elaborar el duelo por la ingenuidad perdida. Un cierre implica también una
apertura, esta dado por la posibilidad de algún tipo de producción concreta y
material. Producción que deje huellas.
La
producción y los grupos de reflexión de mujeres.
La
trascendencia es posible a través de lo que cada individuo es capaz de producir
y estas producciones son las que confieren espacios de existencia en el ámbito
publico. Desde esta perspectiva,
considero fundamental que las mujeres se propongan acciones productivas que
trasciendan lo domestico y les permitan adquirir un espacio de existencia en la
cultura y en el devenir histórico. La producción en el ámbito público se
caracteriza por ser visible, concreta y palpable. Deja huellas y se inscribe en
la historia.
Para
que esto sea posible es indispensable que la palabra y la acción trasciendan
los limites de la muralla tanto de lo domestico como de los espacios
individuales. Esto no significa idealizar el ámbito público y desvalorizar
el doméstico sino redimensionar ambos y
no atribuirlos en exclusividad a uno u otro sexo.
-
Por ello los grupos de reflexión de mujeres deben favorecer y estimular
actividades productivas extradomésticas y remuneradas. Actividades que rescaten
antiguas aspiraciones postergadas o posibiliten nuevos intereses insospechados.
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